
Una reflexión de Sandra De La Oliva
Psicóloga Sanitaria
La vida, un equilibrio entre lo conocido y lo desconocido. Una contradicción constante entre lo que queremos y lo que necesitamos. Un dolor y una alegría. Una caída y un despertar.

Hay días en los que la vida se siente demasiado: demasiado ruido, demasiado rápido, demasiado frágil.
Y sin embargo, aquí estamos, intentando entender este misterio que late entre lo cotidiano y lo excepcional.
No tenemos manual de instrucciones, solo preguntas.
Y quizá —solo quizá— el sentido de vivir no esté en responderlas, sino en aprender a habitarlas.
La paradoja de estar vivos
Desde la psicología existencial se dice que el ser humano vive en una constante tensión:
desea estabilidad, pero necesita cambio;
busca libertad, pero teme perder el control;
anhela amor, pero también teme ser visto.
Y entre esas contradicciones, la vida sucede.
La mente busca certezas, pero el alma se alimenta de misterio.
Tal vez por eso la plenitud no llegue cuando todo encaja, sino cuando dejamos de exigirle perfección a la vida.
El amor como forma de entender el mundo
El amor no siempre se manifiesta en grandes gestos.
A veces es escuchar sin interrumpir, sostener la mirada cuando el otro tiembla, o preparar un café con ternura silenciosa.
Desde la psicología humanista, el amor se entiende como una actitud de presencia y aceptación, más que como emoción o vínculo romántico.
Amar es decir: “te veo, y no necesito que seas distinto para poder quererte.”
Y cuando aplicamos esa mirada hacia nosotros mismos, el alma se relaja.
Porque también merecemos esa misma paciencia que ofrecemos a los demás.
Agradecer incluso lo que no entendemos
El agradecimiento no es negar el dolor, sino mirarlo sin huir.
Es reconocer que, aun en medio de la pérdida, algo nos sigue sosteniendo.
La gratitud es una forma de conciencia:
nos saca del piloto automático, nos devuelve al presente, nos recuerda que la vida, incluso cuando duele, todavía nos ofrece belleza.
A veces esa belleza está en lo más simple:
en el olor del pan recién hecho,
en el sol que se cuela entre las persianas,
en una risa compartida,
en una herida que ya no sangra tanto.
La vida como práctica de atención
Vivir no es acumular días, sino estar despiertos dentro de ellos.
La psicología de la atención plena nos enseña que cada instante es una oportunidad de encuentro: con lo que sentimos, con lo que amamos, con lo que somos.
Porque la vida —esa palabra tan grande y tan frágil— no se mide en años, sino en momentos verdaderamente habitados.
A veces basta con respirar, con detenernos, con no huir del ahora.
Ahí, justo ahí, empieza el sentido.
Una conclusión (o quizá, una invitación)
La vida no siempre se entiende.
Y, sin embargo, siempre se ofrece.
Nos invita a vivirla con las manos abiertas, con el corazón imperfecto, con la mente que a veces duda y el alma que todavía busca.
Tal vez no haya que entenderla tanto.
Tal vez baste con agradecer el milagro de seguir aquí, sintiendo, amando, cayendo y volviendo a empezar.
“La vida no se explica: se respira.”


